-Mátalos
.¿a quienes?
-solo mételes un tiro…
La camarera sirvió el café a las señoras sexagenarias, roncas con sus voces pérdidas en el tiempo, amarradas a sus gatos, mascotas pérfidas esperando el momento de huir.
El silencio repuesto, la vitrola no tocaba mas aquel tango, suspiros, como buscando que continúen en sintonía, arranca y de repente una pausa, su pierna derecha hace un pequeño rulo, continua con los ojos cerrados, espera su movimiento, el mueve su mano sobre su espalda, desea tener menos años, su pie derecho amaga un movimiento, el compás, la pausa, disfrutar del silencio, sentir el pasado y presente fundiéndose en ese cuerpo que espera, espera, lentamente su pie avanza…
El rubio mira nervioso las tetas de la camarera, siente deseos, ella dueña de un sueño, de una pesadilla, de magnificas tetas, de un culo amplio, con su vestido mostrando la diminuta tanga perdiéndose en su raja… al rubio su fija comienza a ponérsela dura… no sabe como acomodarse, solo quiere chuparle las tetas… dios quiero metérsela en su concha.
-Pagamos la cuenta y nos vamos de acá
- ¿no queres quedarte un rato mas?- lo dice mientras busca una excusa para decirle lo que siente, aunque sabe que ella no siente nada por el.
-¿quedarnos a que?
-no se…- enciende su cigarrillo y le da una pitada profunda.
- sino sabes para que mierda queres que me quede, además quede en ir un rato a la casa de Pao, no se que le ocurre, me parece que se peleo con el novio, y anda mal
-si tenes razón, no se para que mierda nos quedamos- dice resignado- MOZO, la cuenta por favor.
-Así no más, le pegas un tiro al viejo… yo mientras tanto robo la caja
-Pero si los asustamos nomás
-Déjate de joder, le pegamos un tiro y listo
-Voy al baño y salimos.
Las señoras sexagenarias, sin sexo en sus vidas desde hace mas de una dos décadas, conversan sobre los nietos que no tuvieron, sobre los hijos que tampoco, sobre las frustraciones que no le causaron, como así también las felicidades que no llegaron, charlaban sobre las ausencias no ausentes por viajes, los miedos sufridos por esos instantes que partían hacia lugares que nunca llegaron desde lugares que nunca estuvieron.
Los gatos mientras tanto continuaban acorralados.
Mear en los meritorios es como jugar, de repente todo se convierte en una especie de tiro al blanco, jugar con esa bolita, descargarse de las ganas de orinar, y comparar, el rubio y el pendejo se miraban, uno estaba apesumbrado, el otro pensando en el futuro, de repente el juego dejo de ser, nadie los miraba… el pendejo dijo bueno, que se vaya a cagar, el rubio la sacudió, y dijo que dios sea lo que quiera.
Viejas entradas en años, perdidas entre tanto café y coñac, recordando tiempos, ancianas que perdieron en su memoria el mito de origen, sabiendo que mentían, encontrando alguna verdad, charlaban casi en silencio, como si su olor a vejez se confundía con las palabras, el sonido perdido en la presencia de unos gatos acorralados.
“A ver pendeja de mierda quédate quieta”- grito mientras sacaba el arma
La mina no dijo nada…
“Viejo la guita, rápido… que miras vieja de mierda”- el rubio
El pendejo salio del baño
“Que ahora tenemos héroes”
“Pero que mierda pasa acá?”
“cállate”
“flaco todo bien”
“que bien?” le pregunto mientras la bala le entraba por la frente
El rubio le dio un balazo a la pendeja, y las viejas también ligaron lo suyo, salieron por la ventana, los vidrios un poco salpicados de sangre, y las sillas despararramadas…
“Mierda toma la guita y rajemos”
Los gatos ya eran libres…. Salieron por la ventana… felices sin una gota de pecado corriendo por sus manos.