sábado, enero 14, 2012

La anomalía en las grietas. Hipótesis políticas



La anomalía que irrumpió por las grietas de la historia en aquel mes de 2003, rompiendo los esquemas interpretativos sobre los cuales los sujetos políticos intentaban aproximaciones relativas a la sociedad, estos fueron en su conjunto puestos en tensión, buscando nuevos campos significantes al vacío construido, no ya por la propia lógica de las palabras, sino por los sujetos que las pronunciaban que rompieron la red de significantes que encadenaban los sentidos de la mismas, este poder que des-construyó, vía una idea de a-politicisimo en nombre de la implementación de valores políticos del capitalismo en su fase neoliberal.
Rinesi afirma que la noción de anomalía es el nombre:
... de aquellos que no tenemos instrumentos para conceptualizar, de aquello que se hurta a nuestras categorías y a nuestros esquemas de pensamiento y de comprensión del mundo, y que nos resulta, por lo tanto, impensable. La anomalía como lo que no podemos pensar. Las anomalías no se piensan, en efecto: son por definición, lo que no se piensa, lo que no se deja pensar, lo que no tenemos elementos teóricos para conceptualizar y por eso, porque estamos convencidos de que nuestros instrumentos teóricos no pueden estar mal y de que lo tanto el problema sólo puede ser del mundo, nombrados como “anomalía”. Quiero decir: que no hay anomalías “en-si”. Que lo que llamamos anomalías son siempre desafíos intelectuales excesivos.” 1
Este desafió intelectual implica búsquedas, sumergirnos en el mar conceptual, anomalía que nos pone en tensión con los paradigmas previos, los cuales nos permiten abrir el camino hacia nuevos momentos de pensamiento político.
Ya Racine hablaba que los momentos políticos, son espacios de rupturas donde los consensos previos son puestos en tensión por la construcción de nuevos, es decir, se produce una impugnación del orden.
Cuando en la asunción del ex-primer presidente, afirma que no pensaba dejar las convicciones en las puertas de la casa de gobierno, y se pronunciaba como heredero de la generación diezmada, pero cuyo paradigmas centrales: justicia y solidaridad, se incorporaba en un trasvasamiento generacional hacia arriba, es decir esos paradigmas nucleares de la generación de los '70, se encarnaban en las Organizaciones de Derechos Humanos: Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Rompía con el consenso construido en que el poder político, las convicciones, se subordinaban al poder de las corporaciones económicas, materialización del reclamo anti-institucional de diciembre del 2001, donde detrás del “que se vayan todos”, había un cuestionamiento a la separación entre el habla y el acto, una lectura, ya desde un presente que nos permite realizar una mirada critica, y no la escéptica de aquel 2003, veremos que los núcleos nodulares del mismo: retorno del Estado, como ente regulador, recuperador y reparador de los desastres des-igualitarios sociales del mercado des-regulado, aquí recuperando el reclamo silencioso, pero con un acto-presente, del conjunto de las clases subalternas colocaron en el centro de escena con los saqueos los días previos a la instauración del estado de sitio por el presidente aliancista, considerado como actor secundario, fue en la realidad, quien ese acto-presente impugno los núcleos duros del neoliberalismo como sistema, productor de exclusión de bienes materiales y simbólicos.
En ese discurso, recupera la ética política, insubordinada a los poderes del poder reales del país, retoma los valores éticos representados por los organizaciones de derechos humanos, solidaridad, como subordinador de la acción individual a la responsabilidad social frente al “otro” excluido por las fracciones hegemonícas de las clases dominantes nacionales, y justicia, como reparador de injusticias previas, presentes y orientadas hacia el futuro.
La incorporación de nuevos significantes interpelaban a las palabras que configuraban nuestra cosmovisión del mundo, ofreciendo nuevos campos de reconstrucción de consensos sociales, que devienen, se producen conflictos de interpretaciones, es decir, al realizar ese acto de interpelación vuelve a colocar la dimensión del conflicto en la acción de lo político, de apertura de la historia a un nuevo campo de posibilidades, clausurados por la acción política institucionalizada, principalmente durante la década del '90.
Esta recuperación de la dimensión conflictiva de la acción política, nos da la posibilidad de intentar unas hipótesis sobre la caracterización del kirchnerismo, como un régimen político populista, aunque la mayoría de las voces que utilizan este concepto no lo refieren a la categoría política sino a un imaginario construido como demagogia, autoritarismo, personalismo presidencial, por lo cual, en ciertas maneras, en cierta manera podríamos caracterizarlo, como contrapuesto a la institucionalidad republicana, basada en un marco conceptual liberal clásico de desarrollo de una separación de poderes, sin conflictos internos entre ellos, fuertemente sustentada en la base de una democracia, centralizada en el ejercicio de derechos políticos y civiles, donde la esfera republicana y democrática como regímenes políticos se entremezclan frente a una “impostura” de democracia social de un régimen político, multi-interpelador, creador de múltiple cadenas de equivalencias, destinado a intentar un vacío imposible de llenar, aunque quienes atacan el populismo no realizan el mismo acto sobre los significantes y redes de equivalencias que constituyen la experiencia republicana neoliberal, que configuraron un sentido común en amplios espacios académicos.
Rinesi, plantea la existencia de dos momentos constitutivos de la filosofía política moderna, el “momento maquiaveliano”, el cual se asocia a la celebración del conflicto y a la apertura de la historia, y el “momento hobbesiano”, el cual se asocia a la preferencia a la estabilidad y los modos de encuadrar el desorden en las cosas, que la modernidad se desnuda en esa lucha por las interpretaciones, es decir en la lucha política, lo cual le permite, pensar un tercer momento, “momento shakespeareano”, donde se instala es un tipo de pensamiento en el seno de la contradicción entre la relación del orden y su disolución, entre sistema y su elemento de disolución.2
Ese ultimo momento es esencial para pensar la política, ya que como afirma el autor:
“.... por la simple razón de que la política no encuentra su lugar sino en el interino, lleno de tensiones, que se entiende entre estas dos figuras (Nota: el autor habla de las metáforas sobre política de Emilio de Ipola, la del sistema y la de revolución). En efecto: no se consigue pensar la política... un pensamiento sobre el orden social que no preste atención al conjunto de prácticas que todo el tiempo lo inquietan o lo desestabilizan, pero tampoco consigue pensar la política un pensamiento sobre la revolución que no considere la forma en la que funciona ese orden que se trata de revolucionar”.3
La tensión trágica del hacer político se encuentra el constante conflicto entre orden y proceso de impugnación, el kirchnerismo, como forma de constitución de un nuevo proyecto político, se construye en el proceso de tensión movilizante, cada hecho constitutivo del kirchnerismo, donde el orden de los conceptos, valga la redundancia, entre orden y proceso de impugnación, se modifican y dan sentido al kirchnerismo, como practica de lo político, el resultado es generar un proceso de consolidación, que como resultante de las tensiones propias de la razón política como interina, de un instauración de un nuevo régimen político.
De esta manera, el populismo, por lo menos para los casos latinoamericanos, puede ser considerado como espacio transicional entre regímenes políticos, nace de la impugnación del orden previo, la posición de no neutralidad del Estado se va re-configurando hacia su interior, a diferencia de pensarlo como un bonapartismo, que emerge en una situación de equilibrio catastrófico entre clases, el populismo, tanto en su variante clásica, como en las variantes neo-populistas, impugna desde el espacio publico la razón de ser del régimen político previo, si bien enmarcados en espacios institucionales, pretende modificar una nueva institucionalidad, un régimen político, republicano de ampliación de derechos sociales y económicos que favorecen a las clases subalternas de la sociedad.
Si bien, la impugnación se da desde el adentro, por los mecanismos institucionales, en su devenir va re-configurando la totalidad del régimen previo, modificando las estructuras distributivas, los perfiles macro-económicos, la hegemonía de clases, reconstruyendo un nuevo marco simbólico de la sociedad, el populismo como forma transicional propone desde la relación dual entre Estado y clases subalternas, llena de idas y vueltas, un cambio de época.
En esta fase transicional, lo que realiza el populismo, es poner sobre la mesa las tensiones ocultadas en el régimen anterior, por lo cual, asume el momento trágico de lo político, para configurarse como opción de la instalación de un nuevo régimen político, donde las tensiones previas son canalizadas a nuevas formas institucionales, sabiendo que durante el devenir, los conflictos con los antiguos sectores hegemonicos se presentaran como forma destituyente, en un intento de impedir el momento constituyente del nuevo orden, tomemos como ejemplo, el lock out patronal del campo, que ante una medida impositiva, logro conformar un núcleo socio-político conservador anti-gubernamental en el 2008, pero lo interesante de este momento político, es que a la par de constitución de este frente, el kirchnerismo, se transforma, se constituye como movimiento político, el movimiento del otro destituyente conforma un nosotros constituyente, configura un nosotros inclusivo, que supera la matriz central del peronismo, como corpus ideológico, para incorporar nuevos sujetos sociales y generacionales, es el momento transversal por excelencia del kirchnerismo. Es el 18 de junio del 2008, el momento del nacimiento del kirchnerismo, como movimiento político.
Veamos algunos ejemplos de ese discurso para marcar los núcleos del populismo, como régimen de transición:
Cuando vine aquí el 1º de abril, a hablar con todos ustedes, yo creía que realmente estaba ante la batalla por la redistribución del ingreso porque, tal vez, quienes tenían que resignar una pequeña parte de su renta extraordinaria disputaban y discutían; creía - les juro sinceramente - que estaba ante esa batalla, la de la redistribución del ingreso, la de la lucha de los intereses naturales en toda democracia donde hay conflicto social. Pero luego, cuando comenzaron a pasar los días y yo veía que desde un sector de la sociedad, desde una corporación, cuatro personas a las que nadie votó, a las que nadie eligió, se reunían, deliberaban, decidían y comunicaban al resto de los argentinos quién podía andar por las rutas del país y quién no, me di cuenta que estaba ante otra situación muy diferente4
Vemos que la actual mandataria reconoce el conflicto social como constitutivo del proceso democrático, ahora lo interesante de señalar, es que centra el cambio de legitimidades del pronunciamiento de la palabra, como señalamos anteriormente, la puesta sobre la mesa del conflicto pone también en juego los procesos de legitimación de donde se interpela a la democracia, frente a la interpelación neoliberal de los sectores agropecuarios, la mandataria coloca la legitimación del voto, que se plantea con esto,algo central: la subordinación de los actores sociales extra-institucionales a las decisiones de lo político, como ordenador y regulador de la sociedad, en este discurso rompe parte del marco de legitimaciones neoliberales, donde los actores extra-institucionales que se desenvolvían en el mercado, es poner en tensión la lógica del mercado, y por lo tanto, de sus agentes, como reguladores de la sociedad civil, en este movimiento, ademas coloca que el mercado no aparece como sujeto des-politizado y des-politizador, sino los actores que se desenvuelven en el, articulan intereses políticos y politizador sobre la sociedad.
Mas adelante en ese mismo discurso dice:
Me di cuenta, entonces, que estaba ante otro escenario, ante otro cuestionamiento, ya no era retenciones sí o retenciones no, ya no eran intereses, se estaba socavando, se estaba interfiriendo en la misma construcción democrática, esa que nos dice que son los representantes del pueblo, elegidos en elecciones libres, democráticas y sin proscripciones, los que deciden, deliberan y ejecutan. Esa es la Argentina democrática, la de la Constitución, la de las instituciones, la de los poderes del Estado, legal y constitucionalmente establecidos.”5
Vemos que la centralidad de la oposición es colocar la tensión entre democracia, ya superando el solo momento político y civil, sino recuperando lo social y lo económico, ya que recordemos que la 125 es planteada como medida de distribución del ingreso, frente a las corporaciones no elegidas por los ciudadanos, esta oposición es el conflicto de la relación entre democracia, no ya como solo régimen político, sino también como horizonte de expectativa, y los sectores, no elegidos democraticamente pero con poder de fuego e influencia sobre los poderes elegidos por los ciudadanos, es el nacimiento de la pregunta de cuales son los limites que impone el sistema capitalista en cualquiera de sus fases para el desarrollo de sociedades democráticas.
Así al realizar un recorrido histórico de las relaciones entre corporaciones y política, la mandataria reconstruye por vía negativa, es decir sobre quienes son negados por la aplicación de determinadas medidas políticas, quien se constituye como el sujeto político kirchnerista:
Yo empecé muy chica con esas mismas banderas que muchos de ustedes portan con orgullo. Pasaron muchas cosas argentinos, nos dividieron, nos enfrentaron los unos con los otros, civiles y militares, el campo y la industria, y solamente se beneficiaron de esos enfrentamientos muy poquitos.
Los que primero cayeron como siempre fueron los pobres, después fueron los trabajadores, después vinieron por la clase media, por esa clase media que muchas veces a partir de prejuicios culturales termina actuando contra sus propios intereses. Los intereses de la clase media son los de los trabajadores, son los de los empresarios comerciantes, son los de los argentinos que tienen sus intereses atados aquí a la tierra, que no pueden girar dólares al exterior, que tienen su casa aquí, sus hijos.”6
El sujeto político kirchnerista, múltiple, y cuya hegemonía debe ser constituida por los sectores subalternos, veamos el orden de enunciación: pobres, trabajadores, clase media, empresarios y comerciantes, tomando a la clase media, como sujeto ambivalente, con posibilidad de pasaje entre los campos enfrentados.
El pueblo, como sujeto de constitución del discurso en el populismo, no es una categoría vacía, tiene un núcleo central; pobres y trabajadores, son ellos quienes impondrán cadenas de significantes y de equivalencias, sin clases subalternas no hay posibilidad del pueblo, ahora este pueblo se constituye como ciudadano, es sostén de la República, como forma de gobierno, pero cuyos contenidos de significación no son eternos, sino son marcos de luchas de interpretación sobre las palabras, como vimos, con Rinesi, es un espacio de lucha política.


1RINESI, Eduardo, “Notas para una caracterización del kirchnerismo” en Debates y Combates, Noviembre 2011, pp. 145-146. Los resaltados son del autor.
2Ver RINESI, Eduardo, Política y tragedia. Hamlet, entre Maquiavelo y Hobbes, Buenos Aires, Colihue, 2011.
3RINESI, Eduardo, Política y tragedia..., p. 253
4FERNANDEZ de KIRCHNER, Cristina, discurso pronunciado el día 18-06-2008, http://es.wikisource.org/wiki/Discurso_de_Cristina_Fern%C3%A1ndez_en_el_Acto_por_la_Democracia_en_Plaza_de_Mayo
5FERNANDEZ de KIRCHNER, Cristina, IDEM
6FERNANDEZ de KIRCHNER, Cristina, IDEM

0 comentarios:

Share it