La anomalía que irrumpió por las grietas de la historia en aquel
mes de 2003, rompiendo los esquemas interpretativos sobre los cuales
los sujetos políticos intentaban aproximaciones relativas a la
sociedad, estos fueron en su conjunto puestos en tensión, buscando
nuevos campos significantes al vacío construido, no ya por la propia
lógica de las palabras, sino por los sujetos que las pronunciaban
que rompieron la red de significantes que encadenaban los sentidos de
la mismas, este poder que des-construyó, vía una idea de
a-politicisimo en nombre de la implementación de valores políticos
del capitalismo en su fase neoliberal.
Rinesi afirma que la noción de anomalía es el nombre:
“...
de
aquellos que no tenemos instrumentos para conceptualizar,
de aquello que se hurta a nuestras categorías y a nuestros esquemas
de pensamiento y de comprensión del mundo, y que nos resulta, por lo
tanto, impensable.
La anomalía como lo que no podemos pensar. Las anomalías no se
piensan, en efecto: son por definición, lo que no se piensa, lo que
no se deja pensar, lo que no tenemos elementos teóricos para
conceptualizar y por
eso,
porque estamos convencidos de que nuestros instrumentos teóricos no
pueden estar mal y de que lo tanto el problema sólo
puede ser del mundo, nombrados como
“anomalía”.
Quiero decir: que no hay anomalías “en-si”. Que lo que llamamos
anomalías son siempre desafíos intelectuales excesivos.”
1
Este desafió intelectual implica búsquedas, sumergirnos en el
mar conceptual, anomalía que nos pone en tensión con los paradigmas
previos, los cuales nos permiten abrir el camino hacia nuevos
momentos de pensamiento político.
Ya Racine hablaba que los momentos políticos, son espacios de
rupturas donde los consensos previos son puestos en tensión por la
construcción de nuevos, es decir, se produce una impugnación del
orden.
Cuando en la asunción del
ex-primer presidente, afirma que no pensaba dejar las convicciones en
las puertas de la casa de gobierno, y se pronunciaba como heredero de
la generación diezmada, pero cuyo paradigmas centrales: justicia y
solidaridad, se incorporaba en un trasvasamiento generacional hacia
arriba, es decir esos paradigmas nucleares de la generación de los
'70, se encarnaban en las Organizaciones de Derechos Humanos: Madres
y Abuelas de Plaza de Mayo. Rompía con el consenso construido en que
el poder político, las convicciones, se subordinaban al poder de las
corporaciones económicas, materialización del reclamo
anti-institucional de diciembre del 2001, donde detrás del “que se
vayan todos”, había un cuestionamiento a la separación entre el
habla y el acto, una lectura, ya desde un presente que nos permite
realizar una mirada critica, y no la escéptica de aquel 2003,
veremos que los núcleos nodulares del mismo: retorno del Estado,
como ente regulador, recuperador y reparador de los desastres
des-igualitarios sociales del mercado des-regulado, aquí recuperando
el reclamo silencioso, pero con un acto-presente, del conjunto de las
clases subalternas colocaron en el centro de escena con los saqueos
los días previos a la instauración del estado de sitio por el
presidente aliancista, considerado como actor secundario, fue en la
realidad, quien ese acto-presente impugno los núcleos duros del
neoliberalismo como sistema, productor de exclusión de bienes
materiales y simbólicos.
En ese discurso, recupera la ética política, insubordinada a los
poderes del poder reales del país, retoma los valores éticos
representados por los organizaciones de derechos humanos,
solidaridad, como subordinador de la acción individual a la
responsabilidad social frente al “otro” excluido por las
fracciones hegemonícas de las clases dominantes nacionales, y
justicia, como reparador de injusticias previas, presentes y
orientadas hacia el futuro.
La incorporación de nuevos significantes interpelaban a las
palabras que configuraban nuestra cosmovisión del mundo, ofreciendo
nuevos campos de reconstrucción de consensos sociales, que devienen,
se producen conflictos de interpretaciones, es decir, al realizar ese
acto de interpelación vuelve a colocar la dimensión del conflicto
en la acción de lo político, de apertura de la historia a un nuevo
campo de posibilidades, clausurados por la acción política
institucionalizada, principalmente durante la década del '90.
Esta recuperación de la dimensión conflictiva de la acción
política, nos da la posibilidad de intentar unas hipótesis sobre la
caracterización del kirchnerismo, como un régimen político
populista, aunque la mayoría de las voces que utilizan este concepto
no lo refieren a la categoría política sino a un imaginario
construido como demagogia, autoritarismo, personalismo presidencial,
por lo cual, en ciertas maneras, en cierta manera podríamos
caracterizarlo, como contrapuesto a la institucionalidad republicana,
basada en un marco conceptual liberal clásico de desarrollo de una
separación de poderes, sin conflictos internos entre ellos,
fuertemente sustentada en la base de una democracia, centralizada en
el ejercicio de derechos políticos y civiles, donde la esfera
republicana y democrática como regímenes políticos se entremezclan
frente a una “impostura” de democracia social de un régimen
político, multi-interpelador, creador de múltiple cadenas de
equivalencias, destinado a intentar un vacío imposible de llenar,
aunque quienes atacan el populismo no realizan el mismo acto sobre
los significantes y redes de equivalencias que constituyen la
experiencia republicana neoliberal, que configuraron un sentido común
en amplios espacios académicos.
Rinesi, plantea la existencia de
dos momentos constitutivos de la filosofía política moderna, el
“momento maquiaveliano”, el cual se asocia a la celebración del
conflicto y a la apertura de la historia, y el “momento
hobbesiano”, el cual se asocia a la preferencia a la estabilidad y
los modos de encuadrar el desorden en las cosas, que la modernidad se
desnuda en esa lucha por las interpretaciones, es decir en la lucha
política, lo cual le permite, pensar un tercer momento, “momento
shakespeareano”, donde se instala es un tipo de pensamiento en el
seno de la contradicción entre la relación del orden y su
disolución, entre sistema y su elemento de disolución.2
Ese ultimo momento es esencial para pensar la política, ya que
como afirma el autor:
“.... por
la simple razón de que la política no encuentra su lugar sino en el
interino, lleno de tensiones, que se entiende entre estas dos figuras
(Nota:
el autor habla de las metáforas sobre política de Emilio de Ipola,
la del sistema y la de revolución). En efecto: no se consigue pensar
la política... un pensamiento sobre el orden social que no preste
atención al conjunto de prácticas que todo el tiempo lo inquietan o
lo desestabilizan, pero tampoco consigue pensar la política un
pensamiento sobre la revolución que no considere la forma en la que
funciona ese orden que se trata de revolucionar”.3
La tensión trágica del hacer político se encuentra el constante
conflicto entre orden y proceso de impugnación, el kirchnerismo,
como forma de constitución de un nuevo proyecto político, se
construye en el proceso de tensión movilizante, cada hecho
constitutivo del kirchnerismo, donde el orden de los conceptos, valga
la redundancia, entre orden y proceso de impugnación, se modifican y
dan sentido al kirchnerismo, como practica de lo político, el
resultado es generar un proceso de consolidación, que como
resultante de las tensiones propias de la razón política como
interina, de un instauración de un nuevo régimen político.
De
esta manera, el
populismo, por lo menos para los casos latinoamericanos, puede ser
considerado como espacio transicional entre regímenes políticos,
nace de la impugnación del orden previo, la posición de no
neutralidad del Estado se va re-configurando hacia su interior, a
diferencia de pensarlo como un bonapartismo, que emerge en una
situación de equilibrio catastrófico entre clases, el populismo,
tanto en su variante clásica, como en las variantes neo-populistas,
impugna desde el espacio publico la razón de ser del régimen
político previo, si bien enmarcados en espacios institucionales,
pretende modificar una nueva institucionalidad, un régimen político,
republicano de ampliación de derechos sociales y económicos que
favorecen a las clases subalternas de la sociedad.
Si bien, la impugnación se da desde el adentro, por los
mecanismos institucionales, en su devenir va re-configurando la
totalidad del régimen previo, modificando las estructuras
distributivas, los perfiles macro-económicos, la hegemonía de
clases, reconstruyendo un nuevo marco simbólico de la sociedad, el
populismo como forma transicional propone desde la relación dual
entre Estado y clases subalternas, llena de idas y vueltas, un cambio
de época.
En
esta fase transicional, lo que realiza el populismo, es poner sobre
la mesa las tensiones ocultadas en el régimen anterior, por lo cual,
asume el momento trágico de lo político, para configurarse como
opción de la instalación de un nuevo régimen político, donde las
tensiones previas son canalizadas a nuevas formas institucionales,
sabiendo que durante el devenir, los conflictos con los antiguos
sectores hegemonicos se presentaran como forma destituyente, en un
intento de impedir el momento constituyente del nuevo orden, tomemos
como ejemplo, el lock out patronal del campo, que ante una medida
impositiva, logro conformar un núcleo socio-político conservador
anti-gubernamental en el 2008, pero lo interesante de este momento
político, es que a la par de constitución de este frente, el
kirchnerismo, se transforma, se constituye como movimiento político,
el movimiento del otro destituyente conforma un nosotros
constituyente, configura un nosotros inclusivo, que supera la matriz
central del peronismo, como corpus ideológico, para incorporar
nuevos sujetos sociales y generacionales, es el momento transversal
por excelencia del kirchnerismo. Es el 18 de junio del 2008, el
momento del nacimiento del kirchnerismo, como movimiento político.
Veamos algunos ejemplos de ese discurso para marcar los núcleos del
populismo, como régimen de transición:
“Cuando
vine aquí el 1º de abril, a hablar con todos ustedes, yo creía que
realmente estaba ante la batalla por la redistribución del ingreso
porque, tal vez, quienes tenían que resignar una pequeña parte de
su renta extraordinaria disputaban y discutían; creía - les juro
sinceramente - que estaba ante esa batalla, la de la redistribución
del ingreso, la de la lucha de los intereses naturales en toda
democracia donde hay conflicto social. Pero luego, cuando comenzaron
a pasar los días y yo veía que desde un sector de la sociedad,
desde una corporación, cuatro personas a las que nadie votó, a las
que nadie eligió, se reunían, deliberaban, decidían y comunicaban
al resto de los argentinos quién podía andar por las rutas del país
y quién no, me di cuenta que estaba ante otra situación muy
diferente
“4
Vemos que la actual mandataria
reconoce el conflicto social como constitutivo del proceso
democrático, ahora lo interesante de señalar, es que centra el
cambio de legitimidades del pronunciamiento de la palabra, como
señalamos anteriormente, la puesta sobre la mesa del conflicto pone
también en juego los procesos de legitimación de donde se interpela
a la democracia, frente a la interpelación neoliberal de los
sectores agropecuarios, la mandataria coloca la legitimación del
voto, que se plantea con esto,algo central: la
subordinación de los actores sociales extra-institucionales a las
decisiones de lo político, como ordenador y regulador de la
sociedad, en este discurso
rompe parte del marco de legitimaciones neoliberales, donde los
actores extra-institucionales que se desenvolvían en el mercado, es
poner en tensión la lógica del mercado, y por lo tanto, de sus
agentes, como reguladores de la sociedad civil, en este movimiento,
ademas coloca que el mercado no aparece como sujeto des-politizado y
des-politizador, sino los actores que se desenvuelven en el,
articulan intereses políticos y politizador sobre la sociedad.
Mas adelante en ese mismo discurso dice:
“Me
di cuenta, entonces, que estaba ante otro escenario, ante otro
cuestionamiento, ya no era retenciones sí o retenciones no, ya no
eran intereses, se estaba socavando, se estaba interfiriendo en la
misma construcción democrática, esa que nos dice que son los
representantes del pueblo, elegidos en elecciones libres,
democráticas y sin proscripciones, los que deciden, deliberan y
ejecutan. Esa es la Argentina democrática, la de la Constitución,
la de las instituciones, la de los poderes del Estado, legal y
constitucionalmente establecidos.”5
Vemos que la centralidad de la oposición es colocar la tensión
entre democracia, ya superando el solo momento político y civil,
sino recuperando lo social y lo económico, ya que recordemos que la
125 es planteada como medida de distribución del ingreso, frente a
las corporaciones no elegidas por los ciudadanos, esta oposición es
el conflicto de la relación entre democracia, no ya como solo
régimen político, sino también como horizonte de expectativa, y
los sectores, no elegidos democraticamente pero con poder de fuego e
influencia sobre los poderes elegidos por los ciudadanos, es el
nacimiento de la pregunta de cuales son los limites que impone el
sistema capitalista en cualquiera de sus fases para el desarrollo de
sociedades democráticas.
Así al realizar un recorrido histórico de las relaciones entre
corporaciones y política, la mandataria reconstruye por vía
negativa, es decir sobre quienes son negados por la aplicación de
determinadas medidas políticas, quien se constituye como el sujeto
político kirchnerista:
“Yo
empecé muy chica con esas mismas banderas que muchos de ustedes
portan con orgullo. Pasaron muchas cosas argentinos, nos dividieron,
nos enfrentaron los unos con los otros, civiles y militares, el campo
y la industria, y solamente se beneficiaron de esos enfrentamientos
muy poquitos.
Los
que primero cayeron como siempre fueron los pobres, después fueron
los trabajadores, después vinieron por la clase media, por esa clase
media que muchas veces a partir de prejuicios culturales termina
actuando contra sus propios intereses. Los intereses de la clase
media son los de los trabajadores, son los de los empresarios
comerciantes, son los de los argentinos que tienen sus intereses
atados aquí a la tierra, que no pueden girar dólares al exterior,
que tienen su casa aquí, sus hijos.”6
El
sujeto político kirchnerista, múltiple, y cuya hegemonía debe ser
constituida por los sectores subalternos, veamos el orden de
enunciación: pobres, trabajadores, clase media, empresarios y
comerciantes, tomando a la clase media, como sujeto ambivalente, con
posibilidad de pasaje entre los campos enfrentados.
El
pueblo, como sujeto de constitución del discurso en el populismo, no
es una categoría vacía, tiene un núcleo central; pobres y
trabajadores, son ellos quienes impondrán cadenas de significantes y
de equivalencias, sin clases subalternas no hay posibilidad del
pueblo, ahora este pueblo se constituye como ciudadano, es sostén de
la República, como forma de gobierno, pero cuyos contenidos de
significación no son eternos, sino son marcos de luchas de
interpretación sobre las palabras, como vimos, con Rinesi, es un
espacio de lucha política.
1RINESI,
Eduardo, “Notas para una caracterización del kirchnerismo” en
Debates y Combates,
Noviembre 2011, pp. 145-146. Los resaltados son del autor.
2Ver
RINESI, Eduardo, Política y tragedia.
Hamlet, entre Maquiavelo y Hobbes,
Buenos Aires, Colihue, 2011.
3RINESI,
Eduardo, Política y tragedia...,
p. 253
4FERNANDEZ
de KIRCHNER, Cristina, discurso pronunciado el día 18-06-2008,
http://es.wikisource.org/wiki/Discurso_de_Cristina_Fern%C3%A1ndez_en_el_Acto_por_la_Democracia_en_Plaza_de_Mayo
5FERNANDEZ
de KIRCHNER, Cristina, IDEM
6FERNANDEZ
de KIRCHNER, Cristina, IDEM
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