viernes, enero 20, 2012

Necedad., Palabras y Debate Intelectual. Disgregaciones en torno a varios puntos



será que la necedad parió conmigo,
la necedad de lo que hoy resulta necio:
la necedad de asumir al enemigo,
la necedad de vivir sin tener precio.
                                                     Silvio Rodríguez

 Hubo momentos donde la totalidad de las acciones parecía tener un precio, desde el ejercicio de las reglas de una discusión,  atrapados por las lógicas mercantiles que se habían incorporado en la vida de la academia, aunque detrás se construyo un imaginario de resistencia a las implementaciones del neoliberalismo, sus núcleos duros fueron incorporados de manera silenciosa, formas de acreditar que alguien esta realizando investigación, lo que significaba una cantidad de trabajos presentados en los miles de congresos que comenzaron a nacer como hongos bajo el agua derramada de ser parte de la profesión, luego los doctorados para avanzar en una carrera, caminos, así mismo, que marcaban reglas del debate interno, temas que generaban visibilidades, mas oportunidades de ejercicio del placer del trabajo docente en la academia, eran precios no monetarios, algunos dirán todo en la vida tiene un precio, pero no se si a veces agachar la cabeza para un beneficio futuro que termina reproduciendo un orden de status quo, y que permiten grados de legitimidad de palabras emitidas por pertenecer a un espacio determinado.
   Siempre fui un amante de la definición de intelectual de Gramsci, incluyente a la totalidad de los miembros de una sociedad, y su separación en torno a la idea de organicidad de ciertas actividades como mediadoras entre sociedad política y sociedad civil, es que como dice Galeano, a mi la palabra, como a muchos, les produce un cierto dolor de explicación, es que uno en el camino de su vida, y de su desarrollo dentro del mundo académico, ver esa separación de la cabeza del corazón, algo que no puedo imaginar como separados, ya que todo acto de escritura significa una toma de posición, frente al acto fundacional de la actividad política e intelectual, el estado de cosas del mundo, de ese dolor ajeno, propio, esas voces de la historia reclamando en el ahora ser escuchadas, esas búsquedas de justicia en el pasado y presente, esas preguntas sobre el por que, nacen del corazón abierto al otro, como quien necesita establecer un dialogo entre iguales, igualdad que durante mucho tiempo, neoliberalismo por medio, era solo una metáfora de una utopía, como esa contradicción con la situación presente proyectada hacia el futuro, que el tiempo neoliberal mandaba a los arcones del pasado, en beneficio de un presente de consumo, de venta de la subjetividad a las imposibilidades de emerger como respuesta, el dolor de un dialogo caminante por senderos de una humanidad emancipada.
 La ultima década, ha significado donde el poder de realizar este dialogo igualitario se fueron construyendo, los sujetos que habían sufrido el robo de la palabra, hoy encuentran los canales de expresión para ser palabra y voz, sujeto que no necesita mediadores para enunciar su visión del mundo, o sea, vimos el nacimiento de nuevos espacios de legitimación discursivas, que toman las palabras existentes, para resignificarlas, y a veces, las viejas legitimaciones se encuentran atacadas, y se corren riesgos paradojales, como lo planteo ayer en el programa 678, por Horacio González, frente a un espacio de aumento de canales de expresión de ideas, también se reconstruye un campo anti-intelectual, negación de posibilidad de apropiación de incorporación de conceptos, esa posibilidad de construir un dialogo entre docentes universitarios, alejados, por mucho tiempo, del debate publico sobre lo político, y los ciudadanos, digo dialogo, es decir, no una actitud de soberbia de uno sobre otros, sino una igualdad de hecho por pertenecer, como mínimo a una comunidad de habla, que buscan construir un proyecto de nación.
 Vuelvo a la idea de necedad, academia y afines, yo me considero un necio, no aguante como valores que decíamos repudiar se incorporaban en nuestra vida, mi necedad me lleva a privilegiar los lugares de la palabra donde formar parte del dialogo con compañeros de ruta, y aquellos, que hoy se encuentran en una vereda que no es la mía, pero también necedad de decir de donde sale mi palabra, necedad de decir, que también me equivoque de no apoyar de entrada al modelo, necedad de pensar que todos los políticos en posiciones de poder eran similares, necedad de continuar escribiendo, aunque, desde el espacio, que temporalmente me encuentra situado, entre el mundo académico, donde como docente formo parte, posición extraña en este momento, no lo niego, pero sin dejar la pata en la sociedad, necedad de no creer que el debate entre “intelectuales” debe ser cerrado a los claustros, sino en el nuevo espacio publico naciente, hay espacios no necesariamente hegemónicos, sino una pleyade de espacios alternativos, la palabra circula, frente al imaginario de un pensamiento único, construido esto si por las voces hegemónicas,  nos encontramos frente a un espacio de autopistas informáticas, nuevas revistas, editoriales, blogs, radios comunitarias y en la red, nos encontramos con una democratización del decir altamente gratificante.
  También esta la necedad de aquel que no quiere perder lugares legitimantes, como si el pensamiento critico, tiene la necedad de ser emitido por quienes ven solo la parte interesada al pronunciar la palabra poder, acaso, no es poder decir ¿quien tiene valor de legitimidad para intervenir en un debate?, ¿Quién debe colocar temas, y temarios, sobre la mesa de discusión?... si hay necedades que no valoran al otro, que lo miran desde arriba, que no lo consideran un igual, necedades importantes, pero también nosotros somos necios para decir que no creemos en que alguien es mas que otro, solo por tener un entrenamiento en el uso de la palabra, porque nuestra necedad se basa en que la palabra, que recorre determinados espacios, para que sea real debe democratizarse, entregando herramientas, esto es también parte del debate “intelectual”, la entrega de herramientas, no como posición de egos sino de creer que la palabra no nos pertenece sino es una construcción colectiva.
   

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